jue. 24 de mayo de 2018
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Guardan bajo tierra 17 millones de fotos del archivo Bettmann

El archivo Bettmann, la reserva secreta de fotografías que Otto Bettmann rescató de la Alemania nazi en dos baúles repletos en 1935 y que después se convirtió en una enorme colección de importancia histórica, se enterrará a 70 metros de profundidad en una mina de piedra caliza situada a 96 kilómetros al nordeste de la ciudad de Pittsburgh, Pennsylvania, lejos del alcance de los historiadores.

El archivo, que se calcula que cuenta con 17 millones de fotografías, constituye una verdadera historia visual del siglo XX. Desde 1995 pertenece a Corbis, la compañía privada del presidente de Microsoft, William H. Gates.

El archivo Bettmann se trasladará de la ciudad de Nueva York a un extraño mundo de ultratumba. Corbis tiene pensado alquilar una superficie de mil metros cuadrados en la mina que en una época perteneció a la empresa U.S. Steel y que ahora alberga una vasta ciudad subterránea. Allí, Corbis creará un moderno depósito, con temperaturas bajo cero, baja humedad, al resguardo de terremotos, huracanes, tornados, vándalos, explosiones nucleares y de la erosión del tiempo.

Pero la conservación a bajas temperaturas presenta un problema: resulta imposible acceder a esta nueva dirección. Los historiadores, investigadores y editores acostumbrados a ojear los archivos fotográficos tendrán que usar el archivo digital de Corbis, que sólo tiene 225.000 imágenes, menos de un 2% de la colección completa.

Algunos sostienen que la colección quedará bajo llave en una tumba; otros, que Gates salva un legado pictórico que corre peligro. Pero lo que sí sabemos es que ésta es una ocasión especial, como lo explicó un conservador de fotografías de Grinnell, Iowa, Henry Wilhelm: “Este es el final de la era de la fotografía tradicional”.

El archivo Bettmann, que aún está en Manhattan, en Broadway y la calle 20, no sólo incluye la colección privada de Bettmann -compuesta por millones de imágenes-, sino también la colección de United Press International (UPI), con diez millones de fotos nuevas de los archivos que en una época pertenecieron a Hearst, Scripps, The Daily News y The Chicago Tribune.

Las fotografías se trasladarán por su propio bien, dijo Bill Hannigan, director editorial del archivo digital de Corbis. “Durante años nadie pensaba en el valor de estas fotos”, afirmó. Se las doblaba, se les escribía encima, se les colocaban epígrafe tras epígrafe. Nadie se preocupaba por preservarlas, y ahora muchas están hechas pedazos, las películas en color se han decolorado y los negativos de acetato se han comenzado a deteriorar.

Para 1997, el veredicto era claro. Hannigan dijo: “Sáquenlas de aquí”. Las películas tienen que estar en un lugar frío y seco. Esto es lo único que podrá frenar su deterioro, acotó Wilhelm. Por el momento, los negativos de Bettmann más vulnerables de Nueva York está en dos freezers comerciales, aguardando su traslado a la mina.

Esto se revertirá pronto. Este otoño boreal, Corbis comenzará a transportar todas sus fotografías, negativos y demás material gráfico de Nueva York al nuevo sitio que Wilhelm ayuda a organizar en la mina de Pennsylvania. “El objetivo es proteger los originales por miles de años”, dijo.

Una vez que hayan trasladado todo, la oficina de Corbis en Nueva York no tendrá nada más que gente y computadoras conectadas a un archivo digital. No habrá impresiones fotográficas ni desorden en descomposición. El mundo analógico recibe su sepultura y el mundo digital danza sobre su tumba.

“¿Qué sentido tiene conservar las fotografías si nadie podrá verlas?”, se pregunta Gail Buckland, historiadora fotográfica. Las imágenes son documentos históricos originales, dijo.

“¿Por qué mandar a todas al ostracismo cuando en realidad unas pocas son las deterioradas?”, preguntó. Y agregó: “Estas imágenes forman parte de nuestra historia y de nuestra cultura, un tesoro sagrado, y si Bill Gates lo compra, está creando una situación de monopolio, al no permitir acceder a este material”.

Sólo una parte de las fotografías serán digitalizadas antes del traslado. Luego, el proceso de digitalización será lento, en el mejor de los casos. Es decir que los investigadores no podrán contar con todas las que existen.

EL PROCESO DE DIGITALIZACIÓN

Cuando Gates compró las colecciones de Bettmann y de United Press International en 1995, su misión era digitalizarlas. Gates, que también es propietario de Sygma (una agencia de fotografías documentales con sede en París que cuenta con alrededor de 30 millones de imágenes) y Saba Press (un servicio de noticias y fotografía con sede en Nueva York) y tiene los derechos para hacer reproducciones digitales de obras de varios museos, siempre quiso enriquecer y digitalizar por completo su colección mundial de 65 millones de fotografías.

Por lo tanto, en 1996, Corbis comenzó a pasar a formato digital, a un costo de 20 dólares por foto, sus imágenes de Bettmann y UPI. De pronto, cuando sólo se habían escaneado 225.000 imágenes fotográficas, el proceso se interrumpió. Corbis despidió a 79 de los 1300 empleados, entre los que se encontraban algunos que digitalizaban las imágenes de Bettmann y UPI.

¿Cuál fue el motivo? “Se trataba fundamentalmente de un tema de conservación del material”, explicó Hannigan. Si Corbis hubiese escaneado todo, le habría llevado 25 años hacerlo. Y ése es el tiempo que las fotografías no tienen. “Es desgarrador ver cómo se estropea el material”, agregó.

Las imágenes que primero se escanearon fueron las más importantes, tanto desde el punto de vista cultural como comercial: fotos de los Kennedy, Rockefeller, Roosevelt, la depresión del 30, las dos guerras mundiales y la guerra de Vietnam. Al igual que los iconos rentables del siglo XX: Einstein sacando la lengua, Jimi Hendrix en Woodstock, Orson Welles haciendo “La guerra de los mundos” y cualquier otra imagen de Elvis Presley, Marilyn Monroe o Martin Luther King hijo.

¿Qué ocurrirá con las imágenes que aún no se han descubierto? Irán a la mina con el resto de las fotografías. Algunas se digitalizarán, “pero todavía no se sabe cuándo ni cómo”, dijo Hannigan. “La gente -sostuvo- siempre podrá visitar el sitio de Corbis en la Web (www.corbisimages.com) si necesita alguna fotografía o solicitar la ayuda de un investigador de Corbis.”

Para algunos, esta sepultura es sinónimo de preservación; para otros, de muerte. Mientras la polémica sigue vigente, Wilhelm afirmó: “Creo que dentro de miles de años, Bill Gates será recordado por haber preservado -y haberlo hecho accesible en forma digital- un segmento muy importante de nuestra historia fotográfica”, expresó. .

Por Sarah Boxer
The New York Times

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